Historia, por Benoît Valée

“LOS VINOS NATURALES”

Cuando se introdujo el concepto de “Vinos Naturales” en España, no se pensaba que estas dos palabras suscitarían tanto debate años después.
El debate surge a raiz de las opiniones de diferentes personas/medios/revistas de vino/críticos… que podríamos catalogar como mínimo en tres categorías:
– Los que les gusta beber vinos naturales y no desean otro tipo de vinos.
– Los enemigos de los vinos naturales (o que piensan que todos los vinos son naturales), les cuesta en general sacar un argumento fiable y sólido a favor de los vinos “convencionales” por los que siempre han apostado y de una forma general, prefieren criticar ciegamente a estos vinos naturales que nosotros defendemos;
– Y los que no se quieren mojar prefiriendo levantar tópicos como “a mi, solamente me gusta el buen vino”.
Voy a hacer una aclaración sobre la noción de los “vinos naturales”, antes que esta sea del todo desformada y vaciada de su esencia.
 Parte 1

Histórico

Primero un poco de historia, les voy a aclarar un poco sobre los orígenes de este calificativo de “vinos naturales”.
En el universo de los vinos naturales (y en el universo del vino y de la enología en general), hay una figura preponderante, omnipresente y diría un hombre iniciador de esta otra forma de pensar el vino y la enología, es Jules Chauvet (1907-1989). Hablaré en otro momento de este hombre, pero brevemente, fue negociante en el Beaujolais, enólogo, químico y biólogo, tan autodidacta como talentoso (a tal punto que trabajó con el Nobel Otto Warburg), fue igualmente el iniciador de la cata “sensorial”, tal como la practicamos hoy en día. En 1951, ya vinificó una parte de sus vinos sin SO2. Jules Chauvet tuvo su discípulo, Jacques Néauport, que fue un gran catalizador del trabajo sin aditivos y sin sulfuroso. Los primeros viticultores que compartieron su filosofía hace ahora más de 25 años fueron Marcel Lapierre en el Beaujolais y Pierre Overnoy en el Juras.
Jules Chauvet ya empleaba esta terminología de “vino natural”, como por ejemplo nos lo relata Evelyne Léard-Viboux en su libro Jules Chauvet, naturellement : “Faites un vin naturel avec un joli parfum. Voilà ce que préconisait Jules Chauvet aux vignerons qu’il visitait, il y a plus de trente ans”. (“Hagan vinos naturales con un perfume bonito. Eso es todo lo que recomendaba Jules Chauvet a los viticultores que visitaba”).
Por otra parte, cuando una palabra, un adjetivo parece problemática, nada mejor que abrir un diccionario:
En el Robert, podemos encontrar esta: “Que no es tratado”; en el Larousse: “Que está hecho únicamente a partir de productos brutos, sin mezcla con algo artificial, sintético”; en el diccionario de la Académie Française podemos encontrar esta: “Vin naturel, Vin qui est le pur produit du jus de raisin fermenté, où l’on n’a rien mêlé d’étranger » (Vino natural, Vino que es el puro producto del mosto de uva fermentado, donde no se ha mezclado nada extranjero).
En el diccionario de la Real Academia, encontramos esta entrada: “Hecho con verdad, sin artificio, mezcla ni composición alguna. »
Es evidentemente en estas acepciones que utilizamos el calificativo de “natural”.
Un vino natural es un vino elaborado sin aditivos, así de simple!
En fin, cuando alguien compra un “zumo de naranja natural”, cualquier persona entiende que se trata de un zumo que viene de una naranja exprimida, sin nada más! A estos que critican la terminología “vino natural”, que me digan si un zumo de naranja, edulcorado, con vitamina B añadida, colorante, conservantes, clarificado y una buena pasteurización les parece todavía un zumo de naranja natural, solamente porque viene de una naranja!!!
Marcel Lapierre añade en un video presente en su pagina web: “Cuando decimos “naturales”, es por oposición a industrial, técnico, formateado”.
Todos estamos de acuerdo que el mosto de uva necesita la mano del hombre para no alterarse, es una evidencia!
Pero estos viticultores que trabajan sin aditivos no intervienen para elaborar un producto bien determinado. Solamente acompañan el vino, lo protegen, lo guían para que sea el vino que decida a donde quiere ir.
 Parte 2
  Los romanos ya utilizaban el sulfuroso
Aquí nos encontramos delante de otro tópico, utilizado por personas que no se han informado mucho sobre la historia del vino y que lo vehiculan como para justificar mejor la utilización masiva de anhídrido sulfuroso en a elaboración del vino.
Primero, el hecho de que los romanos hubieran utilizado el azufre para la elaboración de sus vino no justificaría para nada su utilización actual.
Segundo, de momento, yo no he encontrado ninguna prueba formal que confirme que los romanos utilizaban el anhídrido sulfuroso en la elaboración de sus vinos. Si alguien tiene más informaciones sobre este tema, que me las comunique!
De todas manera, ningún libro de esta época (de los que he consultado) hacen caso de tal práctica. Es cierto que los romanos utilizaban el azufre, como agente de blanqueamiento, como producto para alejar los gusanos, hormigones, topos, pulgones, para curar heridas o enfermedades… Pero nunca para elaborar o conservar el vino. Cuando Catón el Viejo, habla de azufre, es para mezclarlo con cera, resina y yeso para … reparar los toneles.
En cambio, si que se utilizaban muchos “aditivos” para aromatizar, conservar, rectificar o curar los vinos. Se aromatizaban con una multitud de especies y plantas, se rectificaban con miel, con mármol machacado para desacidificar, con yeso para acidificar, se echaba pez, resina, agua, sal… Como lo diceMarcel Larchiver (en « Par les champs et par les vignes »), “Pocos son los vinos que reciben ningún tratamiento”. Unos de los tratamiento para la conservación era un tipo de “pasterización”, se calentaba los caldos, se reducían, se concentraban. Pero de anhídrido sulfuroso, no he encontrado ninguna huella, ni en los escritos de Columella, ni en los de Plinio el Viejo o de Catón.
En 1651, Olivier de Serres en su “Théatre d’Agriculture”, evoca muy brevemente, en una frase, la utilización de azufre por los Alemanes, para “perfumar” los toneles. 1487 parece ser la primera fecha donde encontramos oficialmente, en un decreto real prusiano publicado en Rotenburg, la autorización de utilizar el azufre en la elaboración del vino (cf Wine Science, de Ronald S. Jackson).
Durante el siglo XVIII, se empieza realmente a hablar de azufre.
L’Abbé Rozier, en 1772 en su “Mémoire sur la meilleure manière de faire et de gouverner les vins” empieza a hablar de azufre para “los que desean que sus vinos se conserven varios años, o que lo destinan a pasar por el mar”. Éste método estaba utilizado sobre todo por los bordeleses, para sus vino del Médoc, que exportaban sus vinos hacia Inglaterra y Holanda.
L’abbé Rozier indica que esta “operación es indispensable para los vinos demasiado acuosos o de baja calidad”.
Durante el siglo XIX, son cada vez más a alabar los “meritos” del sulfuroso, sobre todo para resolver debilidades de algunos vinos, curar algunos problemas como la enfermedad de la grasa, o prevenir algunas alteraciones. En 1828, B. A. Lenoir en su “Traité de la culture de la vigne et de la vinification” (Tratado sobre el cultivo de la viña y de la vinificación) escribe: “ El azufrado es una práctica útil cuyo uso, si estuviera más difundido, contribuiría mucho a la conservación de los vinos débiles, o de estos que llevan en ellos mismos un principio de alteración, que el más mínimo contacto con el aire podría desarrollar”, y añade: “El azufrado (…) ha sido imaginado solamente para remediar algunos vicios resultantes del empleo de procedimientos de vinificación equivocados”.
Tengamos claro que hasta finales del siglo XIX, principio del siglo XX, cuando se recurría al sulfuroso, se utiliza después de la fermentación alcohólica, durante los primeros trasvases en enero o marzo, y casi siempre para vinos problemáticos.
La utilización del SO2 durante la elaboración del vino, y sobre todo durante la fermentación alcohólica, como lo atestan muchos libros de enología del principio del siglo 20, es un hecho reciente, del fin del siglo 19 y principio del siglo 20. Su utilización sistemática viene de los países calidos, y sobre todo de África del norte. En efecto, allí las bodegas eran grandes cooperativas, no existía sistemas para bajar de forma eficiente la temperatura de los depósitos que eran de gran tamaño, no se beneficiaban del aire acondicionado y la temperatura ambiente durante las vendimias era muy alta. Cuando los mostos empezaban a fermentar, las temperaturas de los caldos aumentaban peligrosamente y muy rápidamente, ayudadas por la inercia inherente a grandes volúmenes, hasta que las fermentaciones se pararon. A más de 35 o 40 grados, las levaduras no pueden trabajar o se mueren, dejando todo el espacio a las bacterias que, felizmente avinagraban los vinos. En estas condiciones, se dieron cuenta que echando sulfuroso en el mosto, las temperaturas no subían tanto y conseguían llevar al cabo las fermentaciones alcohólicas (en realidad, echando sulfuroso, se destruye gran parte de las levaduras, el mosto fermenta más lentamente, existe menos emulación entre la flor levaduriana). De la misma forma, el calor era un problema recurrente en España o en el sur de Francia, como lo atestan libros como La Vendange, son traitement et sa vinification dans le midi et en pays chauds, de Pierre Andrieu (1901); Vinificació en Países Cáidos, de Juan Marcilla Arrazola (1922); o Milliones perdidos por los vinicultores a causa de las altas temperaturas de fermentación de los mostos, de Claudio Oliveras Massó (1922).
Hoy en día, a pesar de nuestros conocimientos en microbiología, de las tecnologías para controlar las temperaturas de los mostos, de la rapidez de nuestros transportes, la enología moderna no considera la posibilidad de elaborar un vino sin anhídrido sulfuroso…. El SO2 se echa sobre la vendimia o sobre el mosto antes de la fermentación alcohólica, se utiliza después de la fermentación maloláctica, se reajusta durante la crianza del vino y se re re re reajusta antes de embotellar.
Parte 3
 
Vino natural / Vino artificial
Siempre gusta a la gente catalogar, clasificar, poner todo en casitas para que todo sea más fácil, más reconocible. Vivimos en un mundo, o más bien dicho una sociedad extremadamente binaria, sin matices. Todo es blanco o negro. Herencia de una cultura cristiana, lo bueno o lo malo? De una época digital, 1 o 0? Estamos perpetuamente en persecución de un modelo, de una normalidad. La educación los definen, la modas también. Hombre, adulto, blanco, heterosexual, católico, casado, dos o tres niños etc. Aquí está la normalidad occidental. Entendedme, no critico a nadie, mi intención no es ofender o denunciar a nadie, solamente quiero designar este comportamiento tan humano – y al que creo, tenemos que resistir – que es buscar la “normalidad”, preferir la comodidad, y de hecho, tender a rechazar lo que se sale de las normas, de lo habitual, descartar lo singular, lo provocador etc.
Muchas personas intentan descalificar el termino “vino natural” alegando que los otros serian entonces “artificial”. O hechos con polvos como lo escribe Miguel A. Torres que, para salvar la humanidad nos dice que “ninguna bebida de las conocidas por el hombre puede ostentar el calificativo de natural”. Aunque Jules Guyot intitula , ya en 1861, un parágrafo “Sucrage des vins – Vins artificiels” (Azucarado de los vinos – Vinos artificiales), que l’Abbé Tainturier en 1763 sostiene que “en Borgoña, gracias a la providencia de Dios, no necesitamos ninguna droga para nuestros vinos blancos así como para los tintos”, diríamos de forma más amable que hay vinos elaborados con aditivos, y otros sin.
Seria tan simple que estos que elaboran vinos con aditivos nos lo digan, sin tener que justificar que no se pueden hacer de otra forma. Porque aquí reside fundamente el problema: el vino, como alimento, se beneficia desde siempre de una perfecta ausencia de transparencia en cuanto a lo que contiene. El consumidor piensa ingenuamente que el vino es un producto natural, elaborado con, y solamente con uva, y cuanto uno revindica que elabora un vino natural, es decir sin aditivos, el consumidor se pregunta, ¿¿¿pero entonces, que contienen los otros vinos que no son naturales??? Y esta pregunta suele bien evidentemente molestar o incomodar a muchos viticultores.
Porque el problema no está tanto en el hecho de que los viticultores elaboren vinos con la ayuda de aditivos como en el que no están obligados a comunicarlo en la contra etiqueta. Jules Guyot lo escribia (en negrita) así de claro: “La ley debe proscribir los vinos artificiales, o exigir la designación ostensible de su composición”.
Parte 4
 
El vino natural no se conserva
Fantástico argumento en general sostenido por personas que no han realmente experimentado los vinos naturales, en toda su diversidad, y que por supuesto no han tampoco intentado de conservarlos, de forma a averiguar o no su “teoría”. El nihilismo es una respuesta a menudo muy simplista y de las más cómodas.
Volvemos otra vez un poco atrás. Es cierto que la conservación siempre ha sido un problema, pero eso no significa tampoco que no se conseguía conservar vinos. De hecho, el problema de la conservación se plantea verdaderamente cuando las ánforas, bien selladas y herméticas son abandonadas por las barricas. Marcel Larchiver nos indica: “A partir del siglo XVII, la botella desempeña el mismo papel (que las ánforas); pero durante los 15 siglos que separan estos dos periodos, el tonel galo, hecho de madera poroso, mal ensamblado, será incapaz de conservar los vinos al abrigo del aire durante más de algunos meses”. Desde entonces, se aprende la necesidad de una buena limpieza de las barricas, los problemas de oxidación, la necesidad del relleno frecuente (“ouillage” ), la influencia de las lías (aunque poca entendida visto que no se conoce todavía la existencia de las bacterias), y por supuesto, la quema de mechas de azufre en las barricas, principalmente en Burdeos y en Champagne.
Hoy en día, un vino natural se conserva perfectamente, siempre cuando las condiciones de su almacenamiento o de su transporte sean respetadas. Un vino no tiene que viajar durante los meses calurosos del verano, se tiene que conservar siempre a temperaturas frescas.
Por otra parte, si un viticultor trabaja de forma respetuosas en su bodega, sabrá perfectamente que la climatología es distinta cada año, y sabrá que cada millésime no permite conservar el vino 50 años. Es así. Algunas añadas nos dan vinos a beber en su juventud, otras nos ofrecen vinos que aguantaran decenas de años, es también eso la realidad del Terroir.
Parte 5
 
Los vinos sin sulfuroso no existen, las levaduras producen sulfuroso
Esta reflexión es en parte cierta, en parte solamente. Generalizar con este tipo de argumento es un atajo demasiado fácil que no refleja la realidad de los hechos. Digamos que algunas cepas de levaduras, en algunas condiciones pueden producir una cierta cantidad de sulfuroso. Cantidades en general bastante bajas, pero que pueden muy excepcionalmente alcanzar niveles sorprendentemente altos. El libro “Wine Microbiology and Biotechnology » p. 195, nos lo relata así : It is well known that yeasts are able to form sulfite during fermentation. Normally, strains of S. Cerevisiae produce sulfite in the range 10-30 mg/l (Eschenbruch, 1974; Dott et al., 1976; Dittrich, 1987). However, some strains, called “SO2-forming yeasts” or “yeasts with high-sulfite formation”, produce sulfite in amounts exceeding 100mg/l (Eschenbruch, 1974) (…) High-sulfite formation by yeasts is influenced by many vinification factors (Minarik, 1977; Larue et al., 1985). Inicial studies showed that sulfite production increases during fermentation, depends on the yeast strain and varies with the degree of must clarification (Zang and Franzen, 1967; Mayer and Pause, 1968; Eschenbruch, 1972; Fetterroll and Würdig, 1977; Dott and Trüpper, 1978). Strong clarification leads to more sulfite formation (…) Both pH and temperatura affect SO2 formation by yeasts but the reponse varies with the strain (Ranking and Pocock, 1969; Würdig and Schlotter, 1967, 1971; Eschenbruch and Ovnis, 1976) etc.
Tengamos claro dos hechos fundamentales: La naturaleza del sulfuroso producido por algunas cepas de levadura no tiene nada que ver con el sulfuroso químico que se utiliza en enología, muy a menudo bajo la forma de metabisulfito de potasio por ejemplo. Y por otra parte, cuando se habla de sulfuroso producido por las levaduras, entendemos sulfuroso total, el sulfuroso libre quedándose siempre a cero.
Es notable que en cada época parece haber existido personas para defender el “vino natural”, desde Plinio que escribía “el vino más salubre es este donde no se ha añadido nada en el mosto”, Columela que “piensa que el vino de mejor calidad es este que se puede conservar mucho tiempo sin necesitar condimentos, y donde no se tiene que echar mixtura que alteraría su sabor natural: el más perfecto es este que puede seducir por su propia naturaleza”, pasando por el Abbé Tainturier quien se alegra de “no poner nunca ninguna droga” en sus vinos, hasta ahora, y concluiré sobre este tema con una frase de Jules Chauvet: “Hay que preservar este capital precioso que nos ha legado la naturaleza, tomando algunas precauciones elementales que permiten evitar tratamientos ulteriores: no machacar la vendimia, seleccionarla cuando no esta sana, y dejarla en deposito un cierto tiempo. Así son las primeras condiciones para obtener un vino lo más natural posible. No sirve de nada añadir, porque todo lo que se añade es medicina; hay que volver a las cosas naturales”.
Texto escrito por nuestro amigo Benoît Valée en 2009.